Estos 8 hábitos podrían estar destruyendo tu salud renal

Las enfermedades renales han ido ganando terreno en todo el mundo. Según estimaciones internacionales, las enfermedades renales afectan a más de 850 millones de personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 674 millones de personas padecen enfermedad renal crónica. Los riñones son los responsables de filtrar la sangre, eliminar sustancias de desecho como la urea y la creatinina, y contribuir a la eliminación de determinados medicamentos a través de la orina. También ayudan a controlar la presión arterial, contribuyen a la salud ósea y participan en la producción de glóbulos rojos. ¿Qué se puede hacer para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades renales? Puede ser más sencillo de lo que parece si se eliminan o disminuyen estos 8 hábitos. Esto es importante porque, cuando una persona comienza a presentar síntomas evidentes, generalmente la enfermedad ya ha avanzado considerablemente.

1. Beber demasiados refrescos o bebidas energizantes

No es necesario eliminarlos por completo, pero es un hecho que muchas sodas o refrescos y bebidas energizantes contienen altos niveles de azúcar añadida y otros ingredientes que, además de aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, resistencia a la insulina, obesidad y síndrome metabólico, también pueden impactar negativamente en la salud renal. La mejor opción suele ser tomar agua y, si deseas disfrutar de alguna otra bebida, puedes probar con tés o aguas saborizadas sin azúcar o endulzadas con estevia. Deja los refrescos y las bebidas energizantes para ocasiones especiales.

2. Consumir mucha sal

Así como consumir altas cantidades de azúcar es nocivo para la salud, la sal tampoco se queda atrás. El exceso de sal puede perjudicar la salud renal al favorecer la retención de líquidos y el desarrollo de hipertensión, uno de los principales factores de riesgo de enfermedad renal. Sin embargo, recuerda que la palabra clave aquí es «exceso». No es necesario eliminar la sal por completo porque el cuerpo necesita sodio para su buen funcionamiento. Simplemente, consúmela con moderación, ten cuidado con la «sal oculta» (la que está en los alimentos procesados, enlatados y embutidos), usa especias para dar sabor y disminuir la cantidad de sal que añades a tus comidas diarias y recuerda beber suficiente agua.

3. Aguantar las ganas de ir al baño

A todos nos ha pasado: tenemos ganas de orinar, pero no hay un baño disponible, así que toca aguantar. No pasa nada si haces esto de vez en cuando, pero retrasar la micción de forma frecuente y durante períodos prolongados puede favorecer problemas urinarios en algunas personas. Las infecciones de vejiga, generalmente causadas por bacterias, pueden extenderse a los riñones si no se tratan. Además, la retención urinaria persistente, especialmente cuando la vejiga no se vacía adecuadamente, puede llegar a afectar la función renal. Siempre que puedas, ve al baño cuando sientas la necesidad de orinar.

4. Fumar

Son más que conocidas las consecuencias de fumar cigarrillos para el cuerpo. En el caso de los riñones, la nicotina y otras sustancias tóxicas del tabaco pueden elevar la presión arterial, favorecer la aterosclerosis y dañar los vasos sanguíneos que irrigan estos órganos. Como esto puede reducir el flujo sanguíneo hacia los riñones, aumenta el riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica e insuficiencia renal. Además, fumar no solo causa cáncer de pulmón: también aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de riñón, debido, entre otros factores, a la exposición a sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco.

5. Abusar de las comidas ultraprocesadas

Uno de los problemas de gran parte de los alimentos ultraprocesados es que contienen cantidades elevadas de sal, azúcares añadidos, grasas poco saludables y diversos aditivos utilizados para prolongar su conservación. Algunos de estos componentes pueden ser perjudiciales para la salud cuando se consumen en exceso y con frecuencia. En el caso de los riñones, una dieta rica en ultraprocesados puede favorecer la hipertensión, la obesidad y otros factores de riesgo de enfermedad renal. Una forma sencilla de identificar muchos alimentos ultraprocesados es revisar su lista de ingredientes, que suele incluir numerosos aditivos, además de componentes como harinas refinadas, grasas poco saludables y azúcares añadidos.

6. Tomar medicamentos sin supervisión

Los riñones participan en la eliminación de numerosos medicamentos y sus metabolitos, así que las dosis incorrectas o el uso prolongado sin supervisión médica pueden perjudicar su funcionamiento. Y esto se aplica no solo a los medicamentos utilizados para el control de enfermedades graves o crónicas, sino también a algunos de uso cotidiano, especialmente los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno y el diclofenaco. También ciertos antibióticos y protectores gástricos pueden causar problemas renales en determinadas circunstancias. El paracetamol, por su parte, suele ser seguro para los riñones cuando se utiliza en las dosis recomendadas, aunque su consumo excesivo puede dañar gravemente el hígado. En conclusión, lo ideal es evitar la automedicación innecesaria y consultar con un profesional sanitario cuando tengas dudas. Si utilizas medicamentos de venta libre, no superes las dosis indicadas en el prospecto ni prolongues su uso más allá de lo recomendado sin consultar a tu médico.

7. No hacer ninguna actividad física

Se sabe que mantener el cuerpo activo y en movimiento, a través del ejercicio, las caminatas y otras actividades recreativas, es un excelente complemento para tener un cuerpo sano. Seguir un plan de entrenamiento al menos tres veces a la semana puede contribuir a reducir el riesgo de diversas enfermedades y mejorar la salud general. En el caso de los riñones, el sedentarismo no suele afectarlos de forma directa, pero puede favorecer problemas como hipertensión, resistencia a la insulina, diabetes, obesidad e inflamación crónica, los cuales pueden perjudicar, de una u otra manera, el buen funcionamiento renal.

8. Comer carne roja en exceso (y una nota sobre la proteína)

La carne roja puede generar una mayor carga ácida en comparación con algunas fuentes de proteína vegetal, por lo que consumirla en exceso, especialmente dentro de una dieta desequilibrada, puede resultar poco favorable para la salud renal. Lo ideal es moderar su ingesta y dar prioridad a otras fuentes de proteína, como el pollo, el pescado o los alimentos de origen vegetal. Y ya que estamos en estas, una nota sobre la proteína, dado que ahora hay más productos con proteína añadida: un exceso de proteína puede ser contraproducente cuando ya existe un problema renal. Si los riñones funcionan adecuadamente y se lleva una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable, aumentar moderadamente la ingesta de proteína no suele suponer un problema. Sin embargo, si planeas incrementar considerablemente su consumo, lo ideal es que consultes primero con tu médico, especialmente si tienes factores de riesgo de enfermedad renal.